Entrevista a Luz Marus

Por Angie Pagnotta, para REVISTA KUNDRA y BAIRES DIGITAL

Luz Marus se convierte día a día y -desde hace algún tiempo- en una de las nuevas escritoras del escenario actual de Argentina. Es joven, bonita y vive en Belgrano rodeada de amigos autores y editores que la acompañan en el arduo, pero gratificante oficio de escribir, narrar y contar una historia. Estará presentando su primera novela el 12-12-12, fecha más que controvertida e ideal para lo que será un evento único.

Es en esta tarde lluviosa en Buenos Aires, en la que me encuentro con una cara más próxima, más cercana y mucho más inmediata a la “famosa Luz”, me siento contenta por el resultado de este encuentro fortuito. Como se verá en la entrevista, bien digo “la famosa”. Luz Marus es justamente una mujer llena de luz, pero no esas luces de los autos que encandilan, o la del semáforo que a veces sólo parece estar en rojo, Luz es vitalidad, es color, es fuerza y tiene-entre otras cualidades que se leerán por sí solas- una enorme bondad y generosidad, de esas que no esperan ni buscan nada a cambio y encima escribe, y encima, inspira.

Escribo estas líneas con la inmensa satisfacción de brindar a los lectores, una aproximación más fina sobre esta autora, también dejo la puerta abierta a la curiosidad de cada uno y la firme invitación a conocerla y encontrarnos el 12 de este mes, a las 20 en Matienzo, para lo que será la presentación de La amante de Stalin.

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 ¿Cómo te iniciaste en el mundo literario? Y ¿cuáles fueron las expectativas?

En el mundo literario, estuve desde siempre, pero en soledad. Tuve una primera aproximación con Carlos Gamerro, cuando leí un libro suyo El libro de los afectos raros y especialmente el cuento Martina en azul cobalto. Lo busqué y empecé un taller con él, pero en inglés (porque en ese momento no daba otro) y fue un acercamiento tímido, breve. Pero, para ser honesta, mi verdadera iniciación fue con Juan Terranova.  A partir de la Revista Tónica entré de golpe en el mundo literario concreto de Buenos Aires, como periodista, y antes de eso como observadora. No sé bien cómo todavía, creo que fue una entrada bastante inconsciente. Con el término no me refiero a irresponsable si no a que no me daba cuenta de lo que estaba generando. No veía lo que se venía. Fue un año muy fructífero, de un crecimiento muy importante. Alguien que no recuerdo ahora dijo que la mejor forma de acercarte a tu deseo es desmitificándolo, perdiéndole el respeto, como algo natural. De esta manera me acerqué a los escritores y editores. Sin idealizar. Con cierta fascinación por lo nuevo, pero a la vez, con una gran inconsciencia, por suerte. Porque a veces ser demasiado consciente de algo te paraliza, o a mí, me pasa eso al menos. Es una respuesta un poco histérica la que te estoy dando. Como si te dijera “me acerqué casi sin darme cuenta, para poder entrar y no tener miedo.”

 Un poco en relación a lo que decís sobre tu acercamiento a distintos escritores y autores, se que tenés una activa participación en Facebook y lograste que una cantidad importante de colegas te tomen en consideración ¿a qué atribuis esto?

A lo que te decía recién. A mi falta de conciencia en el momento, de lo que generaba en los demás. De hecho no les creía cuando me decían “te conoce todo el mundo, Luz”. Me lo decía Terranova  y yo por supuesto pensaba que era otra de sus exageraciones. Cuando me decía “viajo a Córdoba y conocen a Luz Marus, en las mesas adonde voy  hablan de Luz Marus”, jamás me lo tomaba en serio. Es cierto que lo que me contaban también era que no todos hablaban bien. Lo cual tampoco lo creía. Ni bien ni mal. Me parecía un chiste más. Hace poco tomé conciencia. Diría, que en este último mes. Y al principio me dio un poco de pánico. Sobre todo me asustó que gente que no me conociera tuviese una opinión formada sobre mí, sin haberme visto.

Fue muy insólito lo que me pasó con Facebook. Lo abrí tarde, en 2010 o 2011, no recuerdo bien. Al principio no ponía ni fotos ni nada. Tampoco comentaba. Lo usaba como el msn, para chatear o buscar algún conocido. De hecho me decían “Es raro, no pones fotos, no pones nada, no tenés vida social”. No entendía  mucho de qué iba la cosa. Eso de poner  fotos familiares o de las vacaciones no me cerraba. Cuando chateaba con alguien me pedían foto por privado o conversación por skype para ver que era una chica la que estaba del otro lado. No entendían por qué no me mostraba. Yo observaba, creo que hice eso. Estudié durante un tiempo a Facebook, y cuando sentí que tenía algo para decir, me largué con todo.

Una de las cosas que me enteré que se decían por ahí es “yo tengo una carrera en el ambiente, una trayectoria, y esta pibita apareció de la nada este año y ya la conocen todos”. Siempre quise contestar a esto en público. Mi proceso fue distinto. Un gran período de soledad y de deseo contenido por mucho tiempo. Eso explotó de golpe. A mí también me llevó toda una vida llegar hasta acá. Sólo que no fui paso a paso, si no que fue de golpe. Pero todo ese camino estaba haciéndose en silencio. Como me dijo un escritor, Sebastián Basualdo, que dijo Isidoro Blastein: “En la literatura no se entra, se irrumpe”. Me lo dijo dedicado a mí, porque no hay recetas, cada uno entra como puede. En mi caso fue así y creo que tiene que ver conmigo, y me gusta que haya sido así. Pero no fue planeado. Hubieron grandes períodos de soledad, de dolor, donde me encerraba a leer, no porque haya que leer algo, ni porque me obligaban en la facultad, si no por necesidad de calmar algo interno. Horas y horas, días y meses, leyendo. Después vino un proceso de escritura, también en soledad, primeros bocetos. Ese fue mi camino. Existía pero no era visible. No me veían pero yo estaba haciendo mi camino, a mi manera.

Facebook llegó a mi vida en el momento justo. Fue una gran herramienta de comunicación. Algo que me sacó de mi soledad. Soledad que no tenía nada de grato ni mítico, al contrario. No creo que tanta soledad sea necesaria para poder escribir pero en mi caso lo fue. Mi acercamiento en ese momento a los escritores argentinos era desde las librerías. Entraba, preguntaba por el estante de literatura argentina actual. Estante siempre lejano. El vendedor se subía a una escalera (a veces lo hacía yo) y me llevaba unos cuantos libros. Un día decidí empezar, además de la facultad, un taller literario particular. Busqué varios, estuve un tiempo para decidirme. Al final elegí a Terranova. La elección no tuvo que ver con sus libros (me gustaban, como otros que también me gustaban), si no con una anécdota sobre un problema que tuvo con una feminista, que era lo primero que aparecía si lo googleabas en ese momento. Eso fue lo que me hizo decir “Este pibe tiene algo para mí”. Y así fue. Después vino la revista y todo se fue dando, como pocas veces en la vida.

 ¿Qué lugar ocupa en tu vida la lectura?

Te diría que ocupa el lugar de placer o de distensión del displacer, que vendría a ser lo mismo. Leo para saber de que va el mundo, o para calmar un dolor. Busco una salida a la angustia en la lectura. No me gusta leer por obligación. De esa manera llegué tanto a los clásicos como a los escritores actuales. Algo me tocaba adentro cuando los leía. Si no pasaba eso, abandonaba el libro sin ninguna culpa.

 En la contratapa de La Amante de Stalin decís que partiste de la premisa de Woody Allen: “trato de hacer películas que querría ir a ver al cine”, en este sentido, el producto final de la obra ¿es un libro que te hubiera gustado leer? ¿Qué punto de contacto hay entre ese deseo y la posterior materialización del libro?

Eso que está en la contratapa fue una pregunta que me hizo Luciano Lutereau (mi editor). Yo le respondí un mail largo y eligió (muy acertadamente) esa parte. La respuesta la pensé después de escribir la novela. Me vi a mi buscando en librerías. Lo que me tocaba era eso que yo creía había sido cierto. Era algo que me hiciera creer que había un dolor de verdad, un amor de verdad, un pensamiento real del escritor sobre algo. Aunque no fuese cierto. Necesitaba creerlo. Como un diálogo con el autor, aunque estuviese muerto. Me pasaba con Chejov  y decía “Este tipo me entiende, quiero encontrar un hombre así”. Si yo creo que el autor está presente en el libro me gusta mucho más que si pienso que logró eso después de un taller, con un método y esas cosas. Me gusta descubrir al ser humano  en el libro. Eso me pasó con Marguerite Duras, por ejemplo, a la cual le creo que tuvo un amante chino que la marcó para siempre y por la cual se hizo alcohólica y excelente novelista. Es la ficción que necesito creerme para disfrutar de un libro. Si el autor generó esa fantasía, ya vale la pena. La fantasía de la vida real bien contada. Eso me conmueve.

¿Quiénes participaron activamente del libro en: organización, edición, corrección, difusión, ilustración y demás temas?

Qué pregunta comprometida. Bueno, lo siento muchachos, voy a tener que nombrarlos. El primero que participó fue Miguel Villafañe, el editor de Santiago Arcos. A él le mostré las primeras carillas y  lo ví entusiasmado y eso me entusiasmó más. Fue una linda época. Nos reíamos mucho. Dicen que ahora está enojado porque me fui con otros. Espero que se le pase porque yo le tengo mucho cariño. Después estuvo Guido Indij. Gonzalo Garcés fue uno de los primeros escritores que la leyó y me hizo una crítíca muy hermosa y tuvo la generosidad de ponerla en Facebook. Yo se la había mandado para pedirle permiso para nombrarlo. No nos conocíamos todavía. El la leyó y al otro día publicó algo en mi muro, que cuando lo vi casi me desmayo de la emoción.  Fue un gesto muy profesional y humano, de una generosidad increíble. También estuvo Ricardo Strafacce que de manera muy generosa me hizo una corrección de onda y se dio cuenta de que estaban mal todos los subjuntivos. Tenía ese problema, producto de la oralidad. Me devolvió una copia corregida, con los subjuntivos correctos y  un elogio hermoso en el café Varela, Varelita. También estuvo el maestro Alberto Laiseca, al cual le llevé la novela para saber su opinión y me sorprendió diciéndome cuando lo llamé, “te voy a hacer el prólogo”. Juan Manuel Candal fue uno de los primeros que la leyó, ya no para pedirle permiso de nada si no para pedirle opinión. Lo sorprendí  (dice) para bien. (Eso me dicen muchos, que esperaban otra cosa de mí) Bueno, mejor sorprender para bien. Y Candal fue el que me acompañó en ese proceso de corrección, de darme ánimo. El siempre confió en que se iba a publicar. Es muy loco porque él también es editor, pero yo jamás se la mostré como editor si no como amigo. De todas formas, me mandó algunos capítulos corregidos en rojo. Candal me acompañó en ese proceso de ansiedad. Le mandaba los mails que le mandaba yo a Indij, me los editaba (Esto no lo sabe nadie). También participó en este proceso mi analista, César, cómo no mencionarlo. Y en un momento en el cual sentía que ya no se iba a publicar porque lo que generaba era “Me gusta pero me da miedo”  y yo estaba como diciendo, “Ok, es una primera aproximación, tengo que escribir otra cosa, que les guste pero que no les dé miedo” aparece Luciano Lutereau.

¿Cómo llegaste y cómo fue volcar el proyecto en editorial Pánico el Pánico?

Fue mágico. En esos días en los cuales ya estaba pensando en volver a mi primera novela “Metálica” o escribir otra cosa, fui a una charla que dio Luciano en el Palais de Glace, sobre “Estética y psicoanálisis”. Uno de los temas era la tensión entre ficción y realidad. Me gustó mucho lo que decían. Cuando terminaron le dije “Ah mirá, yo tengo una novela que juega con eso, después te la mando” Pero así, ya como quien acepta que la novela será un Word que se pasa entre amigos o colegas. Me dio ganas de mostrársela. Se la mandé sin esperar una respuesta de tipo editorial. Vi que hablaba de algo que tenía que ver, (a mi entender) con lo que yo había escrito y creí que le gustaría leerla. A la semana, no recuerdo en realidad si fueron dos o tres días, pero al poco tiempo, me llama y me dice “Luz, te vamos a publicar”. Sentí emoción pero a la vez no lo creía. Pensaba: “se va a arrepentir, lo sé” Cada vez que tenía un mail de él temblaba porque pensaba “ya está , se arrepintió” Juro que esto es cierto. Tardaba horas en abrirlo. Daba vueltas por la casa. Chateaba con Candal y le decía “Lutereau se arrepintió” “¿Cómo sabes, te dijo eso?” “No, pero tengo un mail de él, y lo intuyo” “Ay Luz no seas boluda, abrilo ya” Y el mail era la tapa del libro o algo que acercaba más a la publicación. Sufrí mucho en ese tiempo esperando un arrepentimiento. Fue muy neurótico todo, muy de Woody Allen. Estaba  corrigiendo las galeras y todavía pensaba que se iba a arrepentir o que algo fatal pasaría antes. Candal me deciá “Luz, ya está, como editor te lo digo, ya eligió la tapa, ya hizo un primer laburo de corrección, no hacés todo eso al pedo, el libro ya es un hecho.” Yo seguía sufriendo. Es más, mañana me voy a encontrar con los ejemplares  que me dará Marina Gersberg y creo que recién mañana voy a empezar a creerlo. Y el 12 de diciembre, en Matienzo. Todavía, mientras escribo esto me invade un miedo muy neurótico. Es algo que evidentemente potencia el placer después. Un beneficio secundario. Algo que me permite responderte estas preguntas con dedicación y pasión.

En cada proceso literario hay distintas etapas que hacen a la creación, me gustaría que recuerdes cómo fueron las etapas que ocurrieron mientras escribías La Amante de Stalin.

Muy interesante y jugada tu pregunta. Jugada sería la respuesta, si tengo que serte sincera, y voy a serlo. El proceso de escritura en mí parte de un dolor y de un deseo insatisfecho.  En el caso particular de “La amante de Stalin” podría describir tres etapas. El dolor, la bronca, y el placer. En un principio era como “rompamos todo” simbólicamente. Muy de Kung-Fu (como el nombre que le dieron hace poco a la nueva narrativa argentina), muy de chica punk que odia el mundo por un momento pasajero. Dolor, bronca y placer. Es increíble como se puede transformar lo mismo en cosas tan distintas. El placer vino cuando el texto ya cobraba forma. Cuando dije, “esto  está bueno. Esto hay que publicarlo”. Cuando lo leía y lo  mostraba y veía las reacciones. Eso fue un inmenso placer. También hubo  temor.  Sobre todo en los editores.  Eso me dio vértigo. Ver que gustaba y generaba temor. Y que no pasaba desapercibido. Muy heavy.

Si acaso lo tenés o confias en una forma para escribir, ¿cuál es tu método de escritura?

No tengo método. Odio los métodos. Soy lo anti-método. El caos, el dolor, la bronca, y el placer. El deseo insatisfecho. Las preguntas retóricas. Pero ningún método. Al menos, no de manera consciente.

¿Cómo es un día habitual en tu vida?

No quiero hacerme la canchera pero no hay día habitual.  Si puedo elegir, salgo a la calle después de las siete de la tarde. No me gusta el sol, ni el día, ni el calor. Si pudiera elegir mi vida social  y laboral empezaría a partir de las 19hs. Mi día habitual ideal sería así: Despertarme a la hora que quiero, ir a un lugar bien cercano, tipo el bar de la esquina a escribir o a  leer. Volver, comer algo, usar mucho la computadora, bañarme y salir después de las 19 hs a algún evento literario, tertulia, reunión, cita, vida social, cine, cena, fiesta, etc. Te estoy hablando de mi día habitual ideal. Cuando puedo lo hago. No siempre se puede.

 ¿Estás leyendo algo actualmente?

Un libro que me regalaron: Crónica de un iniciado de Abelardo Castillo. 450 páginas tiene, con eso te digo todo. Pero cuando te regalan algo, especialmente elegido para vos, o cuando te recomiendan una película, tenés que leerlo, o verla, porque algo te están queriendo decir. Algo particular, algo para vos. Y eso lo valoro muchísimo. Así que me estoy comiendo las 450 páginas con placer.

 ¿Que recomendaciones podes dar a personas que se estén iniciando a escribir o que quieran hacerlo?

Uhh, no sé, qué difícil. Sobre todo porque me encanta ubicarme en el rol de discípula y nunca de maestra. Pero bueno, voy a hacer un esfuerzo por correrme un poquito del rol que me queda más cómodo. A ver….Que busquen un maestro, (consejo de discípula) que las inspire. Que no intenten imitarlo jamás. Que encuentren un primer destinatario. Si es para alguien, tiene más fuerza. Después con suerte, se universaliza. Y por último, que se animen y se expongan. Te puede salir mal, pero también te puede salir bien. Que corran el riesgo.

 ¿Qué cinco libros  consideras imprescindibles para la vida de cualquier lector?

Memorias del subsuelo de Dostoievski |Obras completas Chejov.  | En busca del tiempo perdido de Proust | Así habló Zaratustra de Friedrich Nietzsche |El amante de Marguerite Duras.

Mini Bio:

Luz Marus es escritora y cineasta. Escribe en la revista digital de crítica literaria Tónica. Su especialidad es la crónica. Ganó el premio para cuento urbano en la Biblioteca Nacional por su cuento Roma. Utiliza su muro de Facebook como un campo ficcional que le permite calmar la ansiedad de todo escritor: ser leído a diario. La amante de Stalin es su primera novela publicada y la única que quiso publicar. Aguardan en un cajón: Nieve en Buenos Aires, y Metálica.

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