“El mejor elogio que me dijeron es que es una película raymundeana”

Entrevista a Cynthia Sabat

“El mejor elogio que me dijeron es que es una película raymundeana”

Por Luz Marus

Cynthia Sabat nació en Buenos Aires en 1971. Es periodista de cine, docente e investigadora. Egresó de la escuela de producción integral de TV TEA Imagen.  Actualmente trabaja en el libro Compañero Raymundo, junto a Juana Sapire. Fuego eterno es su primer film. Fuego Eterno es un documental sobre el cineasta Raymundo Gleyzer y fue estrenado en el pasado Festival de cine de Mar del Plata. En esta entrevista cuenta como fue el proceso de creación, qué opina sobre la distribución de cine local y como se lleva con la industria.

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¿Cómo llegaste a la decisión de hacer una película sobre Raymundo Gleyzer?

La película surgió naturalmente como una reflexión más dentro de lo que para mí es un proyecto más vasto: el Proyecto Raymundo. Desde principios de 2011 estoy trabajando en la escritura de un libro que se llamará “Compañero Raymundo” junto a su esposa, Juana Sapire. Para ello, viajé e Nueva York a trabajar durante tres meses en los archivos de Raymundo, que se encuentran en la casa de Juana. Trabajamos con una rutina diaria muy exhaustiva de investigación-reportaje-escritura-edición-corrección. Al volver a Buenos Aires, trabajé en profundidad los capítulos y llegué a una versión bastante digna de la primera mitad. A principios de 2012 me quedé sin trabajo (el trabajo que me da de comer y paga mis cuentas). Pasaban los meses y la ansiedad crecía porque seguía desempleada. Esto me puso en un estado de angustia, pero a la vez me llevó a creer cada vez más en nuestro proyecto. En mayo, comencé a rever todo el material audiovisual que había grabado con mi cámara a modo de investigación, y me di cuenta que había allí una película que, no sólo me parecía importante “encontrar”, sino que iba a tener un efecto catártico para mí como artista. Tuve la suerte de dar con un montajista que me creyó, y con él trabajé durante seis meses. Finalmente llegamos a encontrar la película que intuía ya estaba, como una semilla, en esos cassettes mini-dv.

Para la realización de tu primera película ¿cuáles fueron los obstáculos que encontraste? ¿Qué cosas resultaron más sencillas de lo que imaginaste?

El deseo y la voluntad derriban cualquier obstáculo, cuando tienen la fuerza de un tsunami. Los problemas y obstáculos fueron cayeron uno a uno, a fuerza de trabajo e inspiración. Soy periodista y estudié producción de TV en TEA Imagen, pero mi primer obstáculo fue cómo escribir un guión de documental que fuera a nivel narrativo lo suficientemente complejo y simple a la vez, basándome en material previamente filmado. Tras el pánico inicial, me arrojé al vacío y generé mi propio modelo de guión. Al fin y al cabo lo importante era que el montajista entendiera el espíritu de la película, y sirvió para ello. ¡El guión se tira a la basura una vez que la película existe! Lo sencillo fue encontrar la historia que iba a contar; lo complejo fue trabajar la banda de sonido que, en este caso, requirió de una edición y postproducción bastante compleja. Me planteé varios objetivos: no utilizar imágenes ni de los films de Raymundo ni de películas familiares de los Gleyzer; no incluir ningún plano que no fuera estrictamente necesario; filmar la ausencia.

¿Cuál fue tu primer encuentro con Juana Sapire, la viuda de Raymundo?
Fue en agosto de 2010, cuando llegó a Buenos Aires para testimoniar por primera vez sobre la desaparición de su marido, en la causa por el Centro Clandestino de Detención El Vesubio. Allí fue trasladado Raymundo tras su secuestro (y por allí también pasaron Haroldo Conti y Héctor Oesterheld). Se sabe que estuvo en ese lugar alrededor de un mes, tras lo cual fue trasladado con destino desconocido. Nunca más se supo de él.
Conocí a Juana por Facebook, e hicimos amistad. Yo había escrito algunas notas sobre Ray que le gustaban. Me pidió que la alojara en mi casa, no quería ir a un hotel. La acompañé a declarar, y nació una relación de gran entendimiento a partir de nuestra visión de la vida y el cine. Por esos días me propuso escribir el libro. Cuando el pánico se desvaneció, le dije que sí.

Contanos un poco del libro “Compañero Raymundo” que se publicará en 2013, por cuál editorial?
Compañero Raymundo es un libro que combina testimonio e investigación, y que toma como punto de partida el relato en primera persona de Juana Sapire. Ella cuenta, reflexiona, rememora y analiza todo lo vivido con Raymundo desde que se conocieron (fueron novios desde muy chicos), pasando por su cine y su vida en común, el nacimiento y crianza de su hijo Diego, hasta la desaparición.

Hasta allí, algunos de los documentos y de las anécdotas relatadas son conocidos, pero muchas otras no. Nuestra intención es que también el libro incluya todo lo que pasó tras la desaparición: el desconcierto inicial, la huída del grupo Cine de la Base a Perú, la búsqueda, la negación. El viaje de Juana y Diego a Nueva York, para vivir bajo la protección de la familia Susman, y el tremendo trabajo que encaran para intentar seguir viviendo sin Raymundo. Es un libro ambicioso, que brindará información inédita de primera mano y que ayudará a echar luz no sólo sobre el trabajo de Gleyzer, sino sobre la experiencia de toda una generación. Estamos conversando con la mejor editorial posible para nuestro libro, y estoy segura de que tendrá al mejor editor.

¿Cómo sentís que recibió el público el film?
El público recibió muy bien a Fuego eterno. Se emocionó, pero también aceptó la invitación al debate que deviene naturalmente de la película. ¿Cuáles son las secuelas del terrorismo de estado que habitan en los huecos más oscuros de la vida cotidiana? ¿Cómo viven hoy aquellas otras víctimas que son los familiares y amigos de los desaparecidos? ¿Qué es el exilio, y por qué muchos de quienes se exiliaron no volvieron más? De todos modos creo que se trata de una película luminosa, vital, llena de esperanza. El mejor elogio que me dijeron es que es una película “raymundeana”.

¿Qué pensás del sistema de distribución y difusión del cine nacional? ¿Qué habría que cambiar y qué no?

No creo que mi película tenga un lugar en el sistema de distribución y exhibición comercial, ni me interesó nunca ese lugar. Siempre pensé la proyección unida a un debate, cosa que en esos espacios es imposible. Quiero que la película se proyecte con entrada gratuita, en espacios no convencionales (sindicatos, escuelas, centros culturales) y que haga un camino interesante por festivales. Los problemas de exhibición del cine argentino son un tema muy complejo, pero que queda de lado cuando un proyecto como este nace con la idea de autogestión e independencia como premisas fundamentales.

Al ser una primera película, más allá de estar ya en el medio audiovisual hace tiempo, ¿cómo te llevaste con la burocracia necesaria de toda industria?

¡Detesto a la burocracia casi más que al capitalismo! Por eso esquivo toda posibilidad de enfrentarme con ella. No me considero parte de la industria; ocupo un lugar marginal como periodista y realizadora, y así me gustaría que siga siendo en el futuro. Eso significa para mí libertad y compromiso sin límites.

Qué planes hay para el futuro para “Fuego Eterno”. ¿Dónde y cuándo podrían verla los que no la vieron?

Estoy inscribiendo el film en festivales que me interesan por su perfil político y estético. Estoy segura de que saldrá de gira por el interior y el exterior durante este 2013, y estoy ansiosa por participar de las proyecciones y los debates. También me interesa leer a los críticos porque me aportan un conocimiento de mi propia obra que yo no tengo. ¡Basta de subestimar a la crítica!…los buenos críticos generalmente escriben libros o escriben en la web, y no tienen la culpa de que haya muchos esmeradísimos refritadores de gacetillas en los mass media.

¿Qué indicación le darías a un estudiante de cine para la realización de su primer film?
Ser un lector voraz. Después, ser un cinéfilo voraz. Leer de todo, ver de todo. Escribir de todo, desde historieta hasta reseñas de libros y críticas de cine. Si es posible también dibujar. El deseo nacerá fuerte y la reflexión también. Filmar sin miedo; pero guionar y montar el film como si se estuviera desactivando una bomba, y en cada corte se escondiera agazapada la posibilidad del estallido o el golpe de gracia, la luz. Sufrir y disfrutar, y ofrecer su creación al universo.

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