[MÚSICA] Como una catedral

Por Juan Manuel Candal //

En septiembre de 2014, el día de la primavera, Leonard Cohen estará cumpliendo 80 años. Nacido en Montreal, Quebec, aprendió a tocar la guitarra española con un intérprete flamenco que pasaba horas en la plaza tocando por monedas. Aquel hombre no llegaría a darle la tercera clase: apareció muerto en la calle en circunstancias misteriosas. Pero ese estilo de arpegio y cierto gusto por las modulaciones españolas, tan españolas como su admirado García Lorca, formaron las raíces del Leonard que tocaba sólo, sentado a la salida de una escuela, o en un patio mientras los demás charlaban animadamente. En 1956 publicó su primer poemario, Let Us Compare Mythologies, en el que —como en muchas de sus canciones más famosas y como en la mayoría de su obra poética posterior— utilizaba la imaginería mítica en yuxtaposición a las sensaciones universales propias de lo cotidiano. También publicó dos novelas: la iniciática The Favourite Game (1963; hay traducción de Ehdasa, El juego favorito, 2009) que le valió comparaciones con Salinger, y la más experimental Beautiful Losers (1966; trad. de Edhasa, Hermosos perdedores, 2010). Pero recién comenzaría una carrera musical cuando una de sus composiciones originales fuera grabada por Judy Collins: nada más y nada menos que la icónica “Suzanne”. Songs of Leonard Cohen, el primer álbum propio, recién salió en 1967. El cantante tenía 33 años. De estilo folk en sus primeros dos discos para devenir más oscuro en el tercero, exótico en el cuarto y vivir la experiencia de ser producido por Phil Spector en el quinto (lo que le costó a Cohen ser amenazado por el productor con un revólver, entre otras cosas), el primer disco publicado en la década de los ochenta se transformó, sin ser uno de sus mejores registros, en un álbum fundamental.

cohen 84

Leonard Cohen, Various Positions (Columbia Records, 1984)

“Dance Me to the End of Love” da comienzo al disco, pero no es la versión más conocida ni lograda (la interpretación definitiva quedaría registrada en el Cohen Live de 1994). Como el resto del álbum, está embebida en una reverberación que en los años ´80 estaba a tono pero hoy resulta irritante. La decisión del cantautor y el productor John Lissauer (colaboración que ya tenía precedente una década atrás en New Skin For The Old Ceremony) tuvo que ver con la idea de que la voz de Cohen sonara «como en una catedral», y el germen de esa idea estaba íntimamente relacionado con la canción “Hallelujah”. Pero volviendo al tema que abre Various Positions, encontramos un típico giro de intenciones en la letra: lo que parece una canción romántica está en realidad inspirada por los cuartetos de cuerda que sonaban durante las masacres y las cremaciones en los campos de exterminio. El tema da una vuelta completa sobre sí mismo y la letra se resignifica a la luz de este concepto:

Dance me to your beauty with a burning violin
Dance me through the panic ’til I’m gathered safely in
Lift me like an olive branch and be my homeward dove
Dance me to the end of love.

El mismo título cobra otra relevancia. El fin del amor está a mano, es una experiencia tangible, trágica pero a la que los prisioneros están resignados. No pueden hacer más que buscar una última experiencia que tenga algo que ver con la belleza. Un roce que despierte a Eros antes de la inevitable conquista de Tánatos. El tercer verso de este tema sin estribillo tiene una de las líneas más tremendas de la historia del rock:

Dance me to the children who are asking to be born

Esos chicos que ya jamás nacerán dejan paso a una pequeña joya de la sutileza, “Coming Back to You”. Una suerte de balada con reminiscencias del flirt country de Songs From A Room (1969), el piano y los fraseos amables de guitarra dejan lugar a una canción más directa que pone a la mujer deseada en un lugar de poder absoluto. El narrador no puede más que volver a través de la palabra, pero para su desgracia sabe que al final se la ha pasado haciendo lenguaje de su deseo demasiado tiempo en lugar de actuar de un modo decisivo. El tema siguiente, “The Law”, podría ser una continuación temática, en la que el narrador (sí, con Cohen siempre se está hablando de un cantante poeta o narrador) relata un abandono como si fuese una sentencia propia de un juicio. Porque “hay una ley, hay un brazo y hay una mano”, lo que equivale a decir que hay un código de dos que, una vez quebrado, debe ser tratado como una afrenta, y el hombre escuchará su sentencia sabiéndose no culpable («I don’t claim to be guilty / Guilty’s too grand») pero sí merecedor del dictamen. A nivel sonido es el primer coqueteo directo del disco con la música de sintetizadores, que alcanzaría su ápice en el álbum siguiente, I’m Your Man, al armar todas las bases instrumentales sobre un teclado casero que Cohen había comprado por 99 dólares.  

En “Night Comes On” cada verso añade un elemento a una letra que recuerda la poesía clásica de Cohen, esa que combina lo mundano con la mitología, la historia y las escrituras sagradas. El temor frente al trueno y el relámpago del niño que busca refugio en su madre, pero ésta lo empuja a salir al mundo, como experiencia, como ensueño. En el segundo verso, el narrador recuerda con filosa ironía cómo perdió al padre:

We were fighting in Egypt
When they signed this agreement
That nobody else had to die
There was this terrible sound
And my father went down
With a terrible wound in his side

Ya en el tercer verso el narrador sale de sus pensamientos cuando sus hijos vienen a buscarlo, instándolo a jugar con ellos. En su vida adulta, los motivos de siempre siguen resonando mientras él encuentra su lugar entre otras mujeres, para ya en el quinto y último verso, buscar la gracia de una partida en paz («And the night comes on / It’s very calm / I want to cross over, I want to go home»). Una balada folk con el inevitable sonido ochentoso, “Night Comes On” es otro punto alto en un disco sólido en cualquiera de sus «posiciones».

various-positions

El tema siguiente es la pieza central de Various Positions y, probablemente uno de los cinco temas más importantes que Leonard Cohen haya grabado, al menos en relación a la respuesta masiva, que, en este caso, tardaría un par de décadas en llegar. Hablo de “Hallelujah”, una de las canciones que más trabajo llevó al autor en su carrera: más de 80 versos escritos de los cuales sólo ocho aparecen en la versión grabada (aunque luego, en versiones en vivo, Cohen añadiría otros cuatro, o directamente, en los años 90, reemplazaría buena parte de estos, convirtiendo su canción en una pieza tradicional, cuyo canon varía sin encontrar una versión definitiva). El original, en 6/8, incluso narra la progresión armónica:

Now I’ve heard there was a secret chord
That David played, and it pleased the Lord
But you don’t really care for music, do you?
It goes like this
The fourth, the fifth
The minor fall, the major lift
The baffled king composing Hallelujah

En Do mayor, la cuarta es Fa, y la quinta es Sol, que es la progresión armónica en el momento exacto en que se cantan las palabras. La caída a menor (un La menor, sexta natural de la tónica), y luego la subida a Fa nuevamente. El detalle no es menor, ya que la canción se sirve de esta “metatextualidad” como uno de los modos de desarmar el sentido original de la plegaria y dotarla de una serie de sugerencias polisémicas. Alguna vez calificada como una de las plegarias más sexuales jamás grabadas —dentro de un disco titulado “varias posiciones”—, la versión original también cierra como invocación a un «Señor de la Canción», casi un precedente de lo que luego Cohen ampliaría en “Tower of Song” (de I’m Your Man, 1988):

And even though
It all went wrong
I’ll stand before the Lord of Song
With nothing on my tongue but Hallelujah

“Hallelujah” es también una canción especial en el repertorio de Cohen por las vueltas del mercado. En 1984, cuando el disco estaba listo, la discográfica norteamericana prefirió no lanzarlo, argumentando: «Look, Leonard; we know you’re great, but we don’t know if you’re any good». De hecho, Various Positions no tuvo gran repercusión incluso en los países europeos más fieles. Sin embargo el cover de John Cale le daría nueva vida unos años después, comenzando una cadena que incluye más de 300 versiones registradas por diferentes artistas. Particularmente notable fue el hecho de que en diciembre de 2008, “Hallelujah” se transformara en la primera canción en más de medio siglo en ocupar los puestos 1 y 2 del raking de singles británico (gracias a la versión de la ganadora del programa X-Factor, Alexandra Burke y el cover de Tim Buckley, que volvió a los charts; como detalle adicional, la versión de Cohen de estudio, de 1984, reingresó en el puesto 36).

El tono melancólico, con algo de elegía, ruego a ninguna parte e himno sin destinatario, ha convertido a esta canción en un clásico sin tiempo, utilizada en series, películas y homenajes públicos tanto a las víctimas de un desastre natural como a grandes figuras fallecidas.

La siguiente canción con feel country, “The Captain”, un número más directo, en la veta de “Closing Time” (The Future, 1992), que narra las desventuras de un comandante y su único dirigido tiene una letra llena de humor negro que se permite líneas corrosivas («Complain, complain, that’s all you’ve done / Ever since we lost / If it’s not the Crucifixion / Then it’s the Holocaust»). Esta canción inicia la tríada de temas menos interesantes del álbum, si bien ninguno es realmente flojo bajo ningún concepto. “Hunter’s Lullaby” y “Heart With No Companion” son las otras dos. De la última destaca particularmente la belleza del estribillo:

And I sing this for the captain
Whose ship has not been built
For the mother in confusion
Her cradle still unfilled

For the heart with no companion
For the soul without a king
For the prima ballerina
Who cannot dance to anything

Estos números prosiguen ese tono que coquetea con el country, hasta dar paso a la plegaria final, que una vez más, tiene la forma de una mujer y no de una deidad, aunque queda claro que Cohen puede invertir los sintagmas en cualquier momento de la letra. “If It Be Your Will” se despoja de la instrumentación hasta dejarla en un completo segundo plano para que la oración tenga la fuerza de la invocación sempiterna:

If it be your will
That I speak no more
And my voice be still
As it was before
I will speak no more
I shall abide until
I am spoken for
If it be your will

Rimado con lo que se denominó en algún momento “forma de espejo” (ABABBABA), el comienzo es reminiscente de aquellas canciones de trovador errante que eran la base de los dos primeros discos. Algún eco de “Sisters of Mercy”, “Winter Lady” e incluso de “Bird on the Wire” sobrevuela hasta que la melodía, cantada como dueto con una entonces desconocida Jennifer Warnes, cierra el disco en uno de los puntos más altos junto a “Dance Me to the End of Love” y “Hallelujah”.

Various Positions ciertamente no es uno de los mejores discos de Cohen, a pesar de incluir varios temas de alta factura. Recent Songs (1979), había sido más sutil y elegante. I’m Your Man sería más compacto y contundente. Uno de los méritos de Various Positions es el de ser el disco bisagra entre los que responden a la voz del Cohen joven de registro medio y lo de su etapa definitivamente madura, con el registro grave y cavernoro que lo hizo conocido a toda una generación que jamás había escuchado hablar de “Suzanne”, “So long, Marianne”, “Lover, lover, lover” o “Famous Blue Raincoat”.

Discografía de Leonard Cohen:

Discos de estudio:

Songs of Leonard Cohen (1967)

Songs from a Room (1969)

Songs of Love and Hate (1971)

New Skin for the Old Ceremony (1974)

Death of a Ladies’ Man (1977)

Recent Songs (1979)

Various Positions (1984)

I’m Your Man (1988)

The Future (1992)

Ten New Songs (2001)

Dear Heather (2004)

Old Ideas (2012)

Discos en vivo:

Live Songs (1973)

Cohen Live (1994)

Field Commander Cohen: Tour of 1979 (2001)

Live in London (2009)

Live at the Isle of Wight, 1970 (2009)

Songs from the Road (2010)

Recopilaciones:

The Best of Leonard Cohen (1975)

So Long, Marianne (1989)

More Best Of (1997)

The Essential Leonard Cohen (2002)

 @juanmcandal

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