[TEATRO] Un mismo árbol verde

Un mismo árbol verde.

Desaparecidos, figuras del dolor irrepresentable

Por Mariana Komiseroff

Un mismo árbol verde escrita por Claudia Piñeiro y dirigida por Manuel Iedvabni se estrenó por primera vez en el teatro Payró en el 2006. Ganadora de los premios ACE a la mejor obra argentina, Premio Florencio Sanchez y Premio María Guerrero en el año 2007.

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Un primer acercamiento a la temática de la obra podría ser la búsqueda de la justicia. Silvia, el personaje de la hija abogada (interpretado  por Silvia Kalfaian) pretende que se llame a la masacre de armenios por parte de los turcos por su nombre: genocidio. Trabaja en la demanda que presentará al otro día para hacer valer el Derecho de la Verdad. El texto es excelente, con múltiples posibilidades de análisis para abordar la crítica. La contundencia es una de esas virtudes que no se pueden dejar de remarcar, las imágenes que trasmite el discurso son inolvidables. Puedo decir que la obra habla de la ausencia, una ausencia que excede a la muerte. No hay palabra para nombrar la muerte de un hijo: “Nadie se atreve a ponerle nombre a una madre con un hijo muerto”  No tener una tumba dónde llorarlo debe ser lo único más terrible. No hay palabra que designe esa pérdida y sin cuerpo que enterrar se anula la posibilidad del duelo.  Anush  es un personaje tácito, la figura del dolor indecible, aunque en este recorte Claudia Piñeiro hable  del genocidio armenio y trace un paralelismo con el proceso de la última dictadura militar, Anush es cualquier desaparecido de cualquier época de cualquier genocidio del mundo. La ausencia está contada desde la intimidad de la relación entre madre e hija, madre y hermana de la desaparecida, logrando de este modo, rescatar de la masa de números en los que la estadística convierte a las víctimas del genocidio y a su familia. “ De tan repetida una parte de la historia pasa a ser un dato (…) Y un dato no puede contar a Anush. La desaparición de mi hermana no la cuentan ellos ni sus destrozos.”.

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La Metzma es el otro personaje tácito, el  que   une los dos sucesos históricos. Escapó de los turcos enterrando a sus hijos en el desierto y en Buenos Aires vio como los militares se llevaban a su nieta Anush. La necesidad de trasmitir las costumbres cuando ya no queda nada, como instinto de supervivencia es otro de los temas que aborda. Rescatar una comida, el idioma, una plegaria, la delicadeza femenina  en la danza armenia, porque el genocidio arrasa con todo. Con las ganas  y la posibilidad de expresarse de los que quedan y con la fragilidad femenina creando a mujeres  fuertes que miden el tiempo contando las tumbas de sus hijos.

En el escenario dos espacios divididos por una pared imaginaria separa a Dora que intenta dormir en la habitación y a Silvia, que prepara la demanda que llevará al otro día al juzgado. Se percibe a través de las acciones de los personajes que se acercan  pero son incapaces de traspasarla. Los monólogos están marcados espacial y temporalmente con la iluminación lo cual acentúa la incomunicación entre la hija que carga con el peso de ser la sobreviviente y la madre que carga con la culpa de no haber podido cumplir con su promesa de ayudar a  Anush. No conversan. Hablan de a una como consigo mismas, esperan su turno.  Cuando la hija cruza la frontera la división escénica se elimina. En este reestreno de Un mismo Árbol verde hay un agregado: la voz en off de Silvia anunciando el fallo histórico favorable en el Juicio por la Verdad del Genocidio Armenio iniciado en el año 2001.

El 1º de abril del 2011 el Juez Federal Norberto Oyarbide dictaminó que el Estado de Turquía cometió el delito de genocidio contra el pueblo armenio entre 1915 y 1923, conforme surge del Juicio por la Verdad iniciado por Gregorio Hairabedian y su hija Luisa Hairabedian, constituyendo el primer juicio a nivel internacional que declara a través de una sentencia judicial la Verdad del Genocidio Armenio y la responsabilidad del Estado de Turquía.

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Termina la obra y los espectadores permanecemos unos minutos en las butacas después del aplauso en señal de la necesidad que tenemos los seres humanos de escuchar y compartir los relatos que nos importan, la necesidad de sentirnos parte de lo colectivo que sufre y siente con nosotros la historia que nos constituye.

 

Ficha Técnica:
Autora: Claudia Piñeiro

Elenco: Marta Bianchi (Dora) Silvia Kalfaian (Silvia)

Escenografía vestuario: Alberto Bellati

Diseño de iluminación: Roberto Traferri

Música: Saro Danelian y Melodías Populares Armenias

Coreografía: Teresita Sargsian

Asistencia de dirección 1: Marina Fredes

Asistencia de direcciónn 2: Adriana Karababikian

Produccioónn general: Fundación Luisa Hairabedian – Responsable Beatriz Hairabedian

Dirección: Manuel Iedvabni

Se estará presentando por última vez en Buenos Aires el sábado 14 de septiembre a las 20:45 en el Auditorio de la UGAB (Armenia 1322 subsuelo)

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