[MÚSICA] Columna: ¡YA NO MAS! y LADO B (primera entrega)

Columna * Música * Por Juan Manuel Candal

¡YA NO MAS!

Canciones que solíamos amar pero se gastaron con el tiempo y la sobreexposición.

 

Canción: Another Brick In The Wall, Part 2.

Intérprete: Pink Floyd.

Álbum: The Wall (1979).

 

Track. El corte de difusión de la que tal vez sea la obra maestra de Roger Waters, y el primer hit single de Pink Floyd desde The Dark Side Of The Moon. Es una de las típicas canciones de “ingreso” a la obra de la banda, sin la desolación épica de «Comfortably Numb» o la nostalgia folk de «Wish You Were Here», una especie de canción funk que reposa en el beat lento pero seguro de la batería de Mason (ese hi-hat casi disco), un riff de bajo muscular y una guitarra que hace un vamp en re menor en gran parte de la canción. Es casi imposible que cualquier persona que haya estado expuesta a la programación radial no la conozca. Ronnie Wood, de los Rolling Stones, dijo alguna vez que era probablemente la canción más estúpida que hubiera escuchado jamás. La letra tiene una de las líneas más controversiales de la historia de la música: We don’t need no education. En su momento se señaló esta frase como mensaje siniestro de desprecio a la educación escolar, cuando es obvio que Waters se propone algo más profundo, basta escuchar las dos líneas siguientes y un poco de sensatez: We don’t need no thought control / No dark sarcasm in the classroom.

El solo de guitarra de la canción probablemente sea el más conocido del disco después de los dos que coinciden en «Comfortably Numb», y contiene algunos de los mejores fraseos de David Gilmour en su faceta de melodista con groove. El dato de color: la banda grabó sólo un verso y un estribillo y la idea era tener un tema de apenas un minuto y medio. El productor, Bob Ezrin, insistía en agregar un segundo verso y estribillo ya que veía en la canción gran potencial radiable. La banda se negó y abandonó el estudio. Ezrin duplicó la toma de la base instrumental y fue quien pensó en poner a un grupo de chicos a hacer una pasada sobre la melodía y la letra. Al día siguiente la banda se encontró con la sorpresa y tuvieron que convenir en que el productor tenía razón.

¿Qué la redime todavía? El solo de Gilmour sigue siendo delicioso. La línea de bajo es sencilla pero pegajosa. El grito Hey, teacher, leave them kids alone! es icónico.

Con qué la reemplazamos. «Another Brick In The Wall, Part 1», si no se quiere ir muy lejos. «Nobody Home» si no se quiere salir de The Wall.

Le pegó en el palo, pero era candidata. «Money» (The Dark Side Of The Moon, 1973).

Quiero más. Entonces escuchá la poco conocida «The Nile Song» (More, 1969), canción que anticipa el grunge dos décadas antes. O «Not Now John», de The Final Cut (1983) si querés insistir en el filo irónico-neurótico del Waters más lúcido.

pink-floyd-the-wall-02
 

 

LADO B.

EL INOXIDABLE: «Shine On You Crazy Diamond»

 

Una canción que ha soportado estoicamente el paso del tiempo. Nueve partes y el tema más largo de Pink Floyd, si se suman todas las secciones, con casi 26 minutos en total. Se puede concluir que es la consagración de la forma que ya venía experimentando la banda con «Interstellar Overdrive» (de Piper At The Gates Of Dawn, 1967, con 9:46 minutos, aunque hay outtakes que llegan a los 16 minutos), «A Saucerful Of Secrets» (del disco homónimo, 1968, 11:56 minutos), «Atom Heart Mother» (del disco homónimo de 1970, 23:42 minutos) y «Echoes» (de Meddle, 1971, con otros 23:34 minutos). Quedan afuera de esta posible línea progresiva los temas largos de Animals (1977), en particular «Dogs», porque aún con 17:05 minutos, es más una especie de canción masiva, elefántica, y no tanto una pieza con secciones de jamming con cierto aire a compás suelto como si las demás antes mencionadas.

Cierta melancolía con la que se suele asociar a Floyd en realidad está contenida en este álbum (Wish You Were Here, 1975). The Wall es angustia, Animals es rabia, The Final Cut es desamparo. Nunca más la banda volvería a sonar tanto como un ensamble, ya que luego Waters tomaría las riendas de forma definitiva, para conducir a otra etapa y otro modo de hacer música. Pero aquí la letra (que referencia a Syd Barrett) está enmarcada por el teclado moroso de Wright en el comienzo y los punteos expresivos de Gilmour, que entran y salen con el sonido exacto de una especie de reservada nostalgia. Cuando caen las secciones con letra, se transforma en una canción hecha y derecha, pero el resto del tiempo se trata de una pieza que preserva el fresco de la improvisación que le dio origen. El bajo de Waters vuelve a las figuras rítmicas que desde «Careful With That Axe, Eugene» marcan su estilo sencillo pero original. La poderosa arquitectura dinámica de crecendos, con una cuidada contraposición de tensiones y resoluciones recuerda a los jams de «Echoes» y la guitarra se duplica en fraseos enajenados que es imposible anticipar. Una mención especial tienen los teclados de Wright, que logran llevar a puerto el final de la canción, al punto que aquella etapa de Floyd parece agonizar ahí mismo, con la última sección, en los sonidos de ese órgano sereno que ha completado todas las etapas de un ciclo de vida.

Shine On You Crazy Diamond

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s