[CRÍTICA – CINE] Wakolda o lo familiar del horror

Por Victoria Mora //

Wakolda es el nombre de la muñeca favorita de Lilith. La elige por sus defectos. Lilith y Wakolda por momentos se confunden ¿Quién de las dos es la muñeca dañada que necesita reparación?

Lilith tiene 12 años pero parece de 8. De ese modo se presenta frente a ese viajero que en la ruta al sur le pide a su padre poder ir en caravana con ellos hacia la ciudad de Bariloche. Así comienza la película. Sí, contesta su padre, con cierta mirada de desconfianza, su cortesía no le permite negarse. El viajante, que luego resulta ser médico, tiene acento alemán. La madre de Lilith habla con él en ese idioma que comparten. Comparten más que una lengua, comparten un origen, y una ideología. Es 1960 y muchas cosas pasan en esta parte sur del mundo que parece haberse transformado en el reducto de salvación de quienes no quieren pagar por sus crímenes cometidos en la segunda guerra mundial.

wakolda

Lilith viaja con su familia: madre embarazada, padre fabricante de muñecas y dos hermanos uno mayor adolescente y uno menor pequeño transitando su primera infancia. Van a Bariloche a reabrir la hostería donde se crío la madre de la familia. Una brillante Natalia Oreiro que interpreta a una mujer orgullosa de haber ido a una escuela que izaba banderas nazis cuando ella estudiaba allí. Muestra esas fotos de sus tiempos escolares con admiración. Vuelve con sus hijos al lugar donde creció, envía a sus hijos a esa misma escuela que ya no levanta las mismas banderas porque no puede hacerlo, no porque ya no crea en ellas.

Cualquiera que alguna vez haya tenido alguna noción del concepto de unheimlich de Freud no puede dejar de tenerlo presente en el transcurso de toda la película. Ese término que se tradujo como lo ominoso a nuestro idioma y que, sin embargo, como concepto trasciende la palabra que lo traduce. Representa aquello que resulta imposible de simbolizar, lo más siniestro que está presente en lo más familiar, aquello que se vislumbra pero que se nos escapa, que percibimos pero que no podemos enfrentar, la sensación de inquietante extrañeza.

Nazis bien recibidos por un pueblo que quiere tenerlos allí y rendirles pleitesías. Un Doctor misterioso que dice dedicarse a la genética en animales e insiste en permanecer cerca de la familia. Una madre que no tolera que su hija no crezca como el resto, que sea burlada en una escuela donde se cree en la raza superior. Un padre obnubilado por sus muñecas. Una madre que a escondidas de su marido deja que se manipule con su hija en el afán de que por fin sea normal. Todas estas escenas engrosan la larga lista de lo ominoso que encierra esta historia.

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Lilith y Wakolda las dos en una, eso se insinúa en la narrativa de la historia e incluso en una de las escenas memorables de la película: un plano que recorta la cara de Lilith al lado de la primera muñeca producida en serie en base a los modelos de su padre. Los testigos de esa escena, los que la miran, son su padre y el Doctor, nada menos.

Basada en la novela homónima de Lucía Puenzo, con grandes actuaciones y una fiel construcción de época se construye esta historia que todo el tiempo dice más de lo que muestra.

Cuando vuelven a encenderse las luces del cine no puedo evitar que aparezca una pregunta ¿Qué pasaría con un espectador ingenuo que no tuviera ningún conocimiento sobre el Doctor Menguele y sus atrocidades en los campos de concentración nazi? ¿Entendería la profundidad de la historia que se cuenta? Hay muchos datos que se suponen pero no están dichos, están apenas insinuados. Pronto intento una respuesta que me tranquilice a mí: no, nadie en el año 2013 puede desconocer lo que sufrieron millones de personas bajo el poderío nazi en la Segunda guerra mundial. Al menos quiero creer en un triunfo de la memoria, quiero creer que puede contarse la historia de una familia argentina en 1960 que viaja al sur y allí se encuentra con una sociedad muy singular. Quiero cree que cuando vemos eso todos sabemos de quién se trata y que todos, por fin, repudiamos las banderas con la cruz esvástica y lo que ellas representan, en todas sus formas y momentos históricos.

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