[CRÍTICA] Ricardo III, crónica del jabalí

Ricardo III, crónica del jabalí

La muerte y la vanidad como afrodisíaco

Por Mariana Komiseroff///

Pienso en Shakespeare y recuerdo la primera obra de teatro que leí, Romeo y Julieta en una adaptación infantil de la revista Anteojitos. Recuerdo haberle dicho a mi madre que me parecía muy aburrido saber el final de la historia y ella me respondió que el problema estaba en la adaptación, porque lo mejor de Shakespeare no es la historia si no el lenguaje. No lo debe haber dicho con esas palabras, debe haber usado algunas que yo comprendiera en ese momento. Para mí Shakespeare siempre estuvo asociado a la lectura más que a la representación, es decir que leí más sus obras de las que vi representadas.

 Las obras de Shakespeare fueron traducidas a las principales lenguas y representadas en todo el mundo. El dramaturgo inglés se convirtió en un personaje mitológico al que se le cuestiona hasta la autoría de sus obras, y aunque sus textos combinan grandes problemas filosóficos con elementos populares fácilmente identificables, la esencia y la clave de la dramaturgia de Shakespeare, como bien dijo mi madre, es la densidad del lenguaje. Esa complejidad es lo que hace difícil el abordaje de la puesta en escena de  sus clásicos en la actualidad. Más allá de que son textos que funcionan en todas las épocas por la empatía que generan las situaciones argumentales, y que generan diferentes planos de entendimiento, la dificultad reside en hacer atractiva la propuesta. Traer el clásico para resignificarlo, para darle una vuelta más.

Las obras históricas de Shakespeare son radiografías del poder en las que toma como punto de partida la historia nacional de Inglaterra. Ricardo III encarna la tragedia del poder tiránico. Esta versión libre Ricardo III, crónicas del jabalí,  bajo la dirección de Alejandro Megna, es un ejemplo de cómo deben ser abordados este tipo de parlamentos que piden ser declamados con matices, aprovechando la musicalidad del lenguaje. Se conserva en esta adaptación la fuerza verbal característica de Shakespeare.

1016196_509318525800577_1060006399_n

Ricardo III, Martín Ortiz, es presentado en esta versión, no como deforme sino como un hombre atractivo. Se introduce así la cuestión del poder de la seducción. Lo irresistible de lo perverso. Y es éste unos de los principales aspectos por los que considero que es una puesta efectiva. Entender el poder no solo como una cuestión de Estado si no también como manipulación en las relaciones amorosas es la vuelta de tuerca que hace que el clásico se resignifique y tenga vigencia. Triunfa Ricardo en sus objetivos gracias al narcicismo de Lady Anne, encarnada por Marcela Fraiman. Este narcicismo del personaje femenino puede desarrollarse gracias al discurso de Ricardo III, Lady Anne pierde la conciencia del mundo concreto y es incapaz de admitir que Ricardo miente en su declaración de amor porque eso la obligaría a hundirse en el ridículo. Así que presa de su yo, Lady Anne olvida la matanza y la recuerda cuando su propia profecía se cumple. Lady Anne, a modo de oráculo, maldice a Ricardo luego de que él matara a su marido y a su suegro Enrique VI. Es prisionera de sus propios designios al entregarse a los brazos del asesino. Fernando Migueles, en el papel de Lord Buckingham, Leonardo Odierna  en el papel del esbirro, al igual que el ya mencionado Martín Ortiz en el personaje de Ricardo III, sostienen la tensión dramática logrando que los espectadores podamos entrar a la ficción propuesta sin ninguna dificultad. Cabe destacar el trabajo actoral de Marcela Fraiman que despliega su manejo corporal reptando por el espacio, sus movimientos son sensuales y coreográficos y capta la atención del espectador aun en los momentos en los que no es protagonista de la escena. El manejo de la voz también es un punto destacable, no solo por la proyección y la dicción sino porque la obra no tiene música salvo por algunas vocalizaciones de la actriz.

Los bloques de diferentes alturas dispuestos en el espacio escénico dan la sensación de altares, los actores se desplazan reforzando el sentido de la ficción. Antes de ingresar a la sala se nos pidió que olvidáramos la vida como la conocemos y que nos sumergiéramos en esta historia. El trabajo con el espacio nos indica que esto es irreal y es muy diferente de la vida como la conocemos y el mayor mérito de Ricardo III, Crónicas de jabalí reside en evidenciar el sentido de la teatralidad de la representación y a la vez conservar ese aspecto fundamental de la obra de Shakespeare, uno cree que lee los textos cuando en realidad las obras nos están leyendo a nosotros. Uno cree que observa la representación cuando en realidad, se están representando aspectos humanos que nos pertenecen.

999384_519279534804476_1752128809_n

Ficha técnica

Dramaturgia y dirección: Alfredo Megna.

Actúan: Marcela Fraiman, Fernando Migueles, Leonardo Odierna y Martín Ortiz. Vestuario y Diseño de escenografía: Jorgelina Herrero Pons.

Diseño de arte: Tomy Megna.

Fotografía: Lucas Maccione.

Asistencia de dirección: Maia Masciovecchio.

Producción ejecutiva y Producción: Crisol Teatro.

A la gorra.

Teatro El Crisol. Arismendi 2658. Sábado, 21 hs.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s