[MÚSICA] COLUMNA: ¡YA NO MAS! Y LADO B #12

Columna * Música * Por Juan Manuel Candal ///

¡YA NO MAS!

Canciones que solíamos amar pero se gastaron con el tiempo y la sobreexposición.

Canción: Black Dog.

Intérprete: Led Zeppelin.

Álbum: Led Zeppelin IV (1971).

 led-zeppelin

Track. En cierto modo, meterse con el famoso cuarto disco de la banda de Jimmy Page —ese que, oficialmente, no tiene título, y ha sido llamado IV, Zoso, Four Symbols, etc—, es pisar terreno sagrado. A su vez, es este disco el único ejemplo universal de la premisa de esta columna: canciones muy conocidas, que amábamos, y algunas que nos aburrieron de tanto escucharlas.

«Black Dog» se basa en un riff originalmente escrito por el bajista, John Paul Jones, que tenía la idea de ir contra la corriente de la rock bailable, crear algo así como el anti-rock’n’roll (un gesto irónico, sobre todo teniendo en cuenta que el siguiente track del álbum se titula justamente «Rock N’Roll» y cumple a la perfección con el legado que su nombre implica). La idea de tener versos que alternaran la voz de Robert Plant a capella y la respuesta aplastante de la banda pasó por varios intentos de cambiar el compás para hacerla más compleja. Finalmente, se abandonaron algunos cambios iniciales (Jones la quería en 6/8) e incluso en vivo solían tocar una versión aún más sencilla.

Algún tiempo después, Zeppelin explicó que la idea de “llamada y respuesta” había sido inspirada por la canción «Oh Well» de Fleetwood Mac.

Pero, ¿qué pasó con «Black Dog»? Se trata de un recurso interesante en las primeras pasadas, pero se agota con la escucha repetida. En cierto modo, algo similar ocurre con la canción de Queen, «Now I’m Here» (Sheer Heart Attack, 1974), otro hard rock en el que la apuesta por un arreglo con ínfulas de experimento (en este caso, con los paneos, el stereo y los silencios), no basta para sostener cierta longevidad entre los oyentes no fanáticos.

¿Qué la redime todavía? Los cambios de compás, la potencia de la banda y la voz de Plant en su esplendor.

Con qué la reemplazamos. «Kashmir», «No Quarter», «Since I’ve Been Loving You», «Dazed And Confused», «Babe I’m Gonna Leave You». Se trata de todos temas reconocibles, algunos, entre lo más renombrado de la banda. Sin embargo, conservan cierta cualidad o bien hipnótica (los dos primeros casos) o de una enorme contundencia emocional (los otros tres).

Le pegó en el palo, pero era candidata. «Rock N’ Roll». Un tema que es básicamente eso que anuncia no puede tener tanta sobrevida. Sin embargo, tiene una frescura en la toma que la salva de caer en el pozo.

Quiero más. La potencia inmortal de «Immigrant Song» (escuchala y vas a ver cuál fue la escuela de Axl Rose). La épica a la Tolkien de «The Battle Of Evermore». El enigma del compás de «Misty Mountain Hop». El tremendo cover de «You Shook Me». Y vale bien la pena explorar los “lados B” de los primeros discos, con temas no tan conocidos que revelan otra fasceta de la banda.

LADO B.

EL INOXIDABLE: «Stairway To Heaven».

Led+Zeppelin

Una canción que ha soportado estoicamente el paso del tiempo. No hay con qué darle. Es un lugar común traer este tema como inoxidable, sí, pero a la vez, cumple con la premisa como ninguna otra canción de Zeppelin. Tiene una de las intros más recordadas de todos los tiempos, un desarrollo in crescendo que termina en uno de los mejores solos de Page, y una performance de Plant que merece el pedestal. Los guitarristas amateurs de todo el mundo aspiran a aprenderla, y esto ha sido objeto de bromas en películas y televisión.

Siempre en los primeros puestos de las listas de las más grandes canciones de rock de la historia, presenta, una vez más, un caso de supuesto plagio/inspiración (el comienzo es muy parecido al de la canción «Taurus», de Spirit, lanzada dos años antes), pero sin embargo, se extiende en una épica del hard rock como pocas en la historia.

También, siguiendo con los mitos, se supone que en la sección intermedia hay un mensaje satánico grabado al revés, que dice:

Oh here’s to my sweet Satan.
The one whose little path would make me sad, whose power is Satan.
He’ll give those with him 666.
There was a little tool shed where he made us suffer, sad Satan

 Al fin y al cabo, lo que queda es la canción que, según Jimmy Page, mejor refleja la esencia de Zeppelin (Robert Plant tiene otra idea: para él ese sitio corresponde a «Kashmir», aunque tal vez lo más lógico sería armar un tríptico con ambas y «No Quarter» para una especie de experiencia inmediata de la banda en su apogeo). Y, a pesar de haber sido una de las canciones más difundidas en la historia del rock, las variaciones dinámicas, las secciones diferencias, la instrumentación y la imposibilidad de terminar de asimilarla completamente en unas cuantas escuchas, hacen de esta una obra no sólo inoxidable, sino de las más importantes que jamás se hayan compuesto dentro del marco de la música popular.

 

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